Ana Moscoso nació en el O Valadouro (El Valle de Oro), regada por el rio Ouro (Oro), que según la tradición en tiempos arrastró pepitas del preciado metal, y que le da nombre, es una hermosa comarca que se sitúa en el norte de la provincia de Lugo, a unos quince kilómetros de distancia de la costa donde el Cantábrico rompe las olas en los acantilados que enmarcan las playas de más blancas y finas arenas de todo el litoral, a 30 km de Ribadeo, sobre cuya ría el Puente de los Santos comunica a Asturias y Galicia.
Forman la comarca los municipios de Alfoz y Valadouro, de gran riqueza ganadera y forestal, de tierras fértiles y exuberantes y de gran belleza paisajística, el lugar encierra un gran interés histórico y cultural, pues estos parajes fueron protagonistas de relevantes hechos que tuvieron que ver con la historia medieval de Galicia.
El mariscal don Pedro Pardo de Cela, yerno de los Condes de Lemos, fue el poderoso caballero que señoreó estas tierras y otras numerosas posesiones en el solar galaico. Él fue el último feudal que se resistió a la acción unificadora llevada a cabo por los Reyes Católicos y tal actitud le valió ser hecho prisionero en la fortaleza de A Frouxeira, donde resistió durante tres años los embates de las tropas reales, para ser decapitado, con su hijo, en la plaza pública de Mondoñedo
La figura del mariscal, tan controvertida, ha quedado para posteridad envuelta en la doble aceptación de la historia y la leyenda; es personaje de permanente atención por parte de historiadores y estudiosos que no llegan a ponerse de acuerdo sobre aspectos de su personalidad
Se cuenta que cuando Mondoñedo don Pedro fue condenado a muerte, su esposa, doña Isabel de Castro, galopó a Valladolid a pedir indulto a SS. MM. Los Reyes, y que cuando regresaba a Mondoñedo portadora del mismo, a la entrada de la ciudad fue interceptada por canónicos de la cátedra - se habla de la enemistad del Obispo y el Mariscal - hasta que sonaran las campanas anunciando que la ejecución se había consumado.
Desde entonces el lugar se conoce por "el puente del Pasatiempo".
Dice la leyenda que la cabeza del reo rodó hasta la puerta de la iglesia, diciendo "Credo, credo..."
Estos hechos ocurrian en el mes de diciembre de 1483
No sólo por la transmisión oral, generación tras generación, si no por testimonios de sus construcciones y la literatura popular (Cantigas de ciego, romances, etc), la presencia del mariscal, con sus mitos y leyendas, llenan de fantasía las mentes de las gentes sencillas que pueblan la comarca.
De su castillo en el Castro de Alfoz queda, en muy buen estado de conservación la que fue torre del Homenaje, hoy convertida en sala de actos, exposiciones y oficina de turismo. Desde sus almenas se contempla en visión panorámica, todo el Valle de Oro, de belleza indescriptible, y en lontananza el agreste pico da Frouxeira, en cuya cúspide se alzaba, majestuosa, la infranqueable fortaleza, refugio y defensa del mariscal. Fue precisa la traición de sus criados, para que el enemigo fuese capaz de acceder a ella; hoy sólo quedan algunos restos de la edificación, pero el panorama que desde el mismo se contempla es impresionante: se divisa hasta el mar en una visión, que en días de nebulosa estimulan la imaginación fantasmagórica, a la que acompaña el graznido de las aves que anidan en paraje tan escarpado y abrupto.
Dícese que en tiempos un pasadizo subterráneo unía A Frouxeira con el Castillo del Castro. Éste, con las edificaciones que le rodean, forma un burgo medieval, y en algunas de ellas lucen escudos de pasada nobleza; la contemplación del mismo traslada nuestra mente a viejos tiempos de lanzas y armaduras. Y aún, en sus callejuelas, podría escucharse el laúd de algún trovador...